viernes, abril 07, 2006

El loco ideal , por ojos_cri5talin0s

“Nosotros nacemos para vivir,
Vivimos para soñar,
Nuestro destino es morir
Y nuestra misión es amar”.



El insomnio se apodera de mí y se está volviendo preocupante. Después de varios días mi mente juega entre la realidad y la fantasía, al extremo que ya no sé cuál es cual. Mi siquiatra me sugiere algunas pastillas pero yo prefiero leer cuentos. Salgo de mi realidad y entro en la de otro por un tiempo limitado. Me diagnosticaron la dichosa esquizofrenia y eso dicen que no se cura. Yo creo que se me quita todo eso si encuentro un amor pero no es fácil lo que me propongo. Amas con locura o amas a un loco pero sigue siendo loquera. ¿Dónde encuentro yo un loco que esté bien bueno y que guste de la loquera, fuente de mi locura que sacie mi alma loca?

-“Hola, ¿cómo te llamas?”
-“Me llamo silencio y cuando me llamas ya no estoy ahí.”
Al no encontrar cómo llamarlo, pues desaparecería al pronunciar su nombre, desistí de este loco. Parece estar en un nivel más avanzado de locura que yo.

-“¿Quieres un chocolate?”
-“No, no, no, no, no, ¿cómo te atreves? A un adicto no se le ofrece el producto su adicción, que causó su adictura”.
Estaba buscando un loco, no un tecato.

-“¿Me puedo sentar aquí?”
-“Sure, claro que sí te puedes sentar there. Aunque ahí was a chica but decidió irse a ver a su boyfriend.”
No puedo con mi locura y dos idiomas entrelazados como dreadlocks a la misma vez.

-“¿Qué tu crees, le pinto los ojos azules?”
-“No, mejor rojos porque los PNP son unos pillos.”
Todo en este país está maldito por la política. Lo último que necesito es un loco con aire de político.

-“¿Qué te parece el poema de Neruda?”
-“Me parece que debemos resucitar a Neruda y matar a todos los otros poetas. Así no será uno de los mejores poetas, sino EL POETA.”
Un poco sangriento pero me gustó lo que quiso decir en el fondo. Sólo espero que tenga fondo.

Quedamos en vernos para exhumar el cadáver de Neruda a las 10:00 y ya son las 12:00 y no ha llegado.

-“¿Ha visto usted a mi amigo?”
-“Lo siento mucho señorita él murió esta mañana. Yo estuve con él, lo último que dijo fue, “My name es silencio.” Tenía un chocolate en la mano y antes de morir me pidió que le dijera que no podrán resucitar a Neruda, por lo menos no en esta vida. El pobre sufrió mucho, sus ojos azules ya estaban rojos de dolor.”


-“Enfermera, ¿verificó a la paciente #34?”
-“Si doctor, le informé de la muerte del #35 porque me preguntó por él. La pobrecita, se quedó tirada en el piso llorando y gritando que ese era su loco favorito.”
-“Hay que estar muy pendiente de ella, pues el suicidio es muy probable en estos casos. #34 había encontrado un gran refugio en #35.
-“Sí, doctor.”







-ojos_cri5talin0s
10:58 p.m.
viernes, 6 de diciembre de 2004

sábado, marzo 18, 2006

Tal Vez Me Quede Aquí por: Yoshua Baracutey

Era temprano en la mañana cuando llegaron. Los recibí en el vestíbulo, aún ensayando las líneas que había empezado a construir desde el día en que de la dirección del edificio le llegó la noticia de que el famoso ex-senador, el Licenciado Pagán, llegaría tal día a ocupar uno de los cuartos, para hacerlo su nueva oficina. Los acompañé al tercer piso y hasta el cuarto especialmente preparado para el ya retirado funcionario público.
El senador se había alejado de la vida pública hace dos años, aunque hace ya casi nueve años que ocupó su último puesto en gobierno. Se había retirado luego de intentar propulsar una medida para permitir la eutanasia para personas con enfermedades mentales y con impedimentos, al concluir, según él, que no eran de provecho para la sociedad. El intento le hizo ganar enemigos en todos los sectores de la sociedad, y su propio partido, al ver la repugnancia que había causado la medida, le pidió la renuncia.
Al señor lo acompañaban una atractiva joven, de no más de treinta años, vestida del habitual atuendo de secretaria. Al lado del licenciado, iba un hombre joven, en mahones y camisa de manga larga blanca, llevando una caja llena de lo que supuse eran los documentos importantes del viejo. El señor se veía preocupado, absorto en sus pensamientos y repetía de vez en cuando lo “imperativo” que era volver a su vieja oficina.
Una vez llegados al destino, le ayudé a los ojos del señor a recorrer la oficina. Era bastante espaciosa. Tenía un escritorio elegante, una silla, que yo mismo había comprobado la comodidad días antes mientras preparaba la oficina. El espacio era iluminado por la luz que entraba tibia por la ventana, que daba la cara al sol naciente. El senador se acercó a la ventana y quiso comprobar con sus ojos, la vista que yo le describía desde la puerta. En efecto, me parecía que pensaba, ahí estaba el parque, la vía principal, el banco y la autopista, que surcaba al sur del edificio.
- Es cómoda. Y clara. Me gusta. Tal vez me quede aquí.
Sonrió por un momento y, luego de una sacudida, recobró su compostura. Se acercó al escritorio y mientras alejaba la silla, le pedía a la joven, que le miraba con una mirada seria, casi melancólica, los documentos que contenían los análisis de las últimas medidas tomadas por el senado, que él mismo había estudiado. Tomó sus lentes, y se dispuso a leer con suma seriedad. La joven tardó en interrumpirlo, para decirle que saldría con el hombre y volvería ya pronto, pues tenía que terminar de recoger la oficina.
Salieron de la oficina y cerré la puerta tras de mí, luego de despedirme del ex-senador. Acompañé a la pareja al vestíbulo, donde me agradecieron y se despidieron. La joven, con lágrimas en los ojos se acercó al hombre mientras salían.
- No sé si pueda con esto.
- No te preocupes, mi amor. Vendremos a visitar a tu viejo de vez en cuando. Esto es por su bien.
Al decir esto, le echó el brazo sobre los hombros a la joven, y la puerta de cristal se cerró tras ellos, develando nuevamente las letras que escribían “Psiquiatría Forense” en la entrada.

© Derechos Reservados, Silencio 2006, Círculo Literario Estudiantil Güebmáster: arrecife.pr@gmail.com